Cruz de Mollá

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Foto aérea de la cruz de Mollá - (Juan Miguel Martínez).

La cruz de Mollá - o cruz cubierta - es un monumento construido a mediados de la última década del siglo XX por la Escuela-Taller Ferrusa, que rememora la cruz de término situada bajo un tejado con cuatro columnas, construida en 1793, y que estaba situada en el camino tradicional de Petrer a Elda. Daba refugio y descanso tanto a los agricultores que estaban trabajando los bancales como a los caminantes que iban de una población a otra.

Ubicación

En la actualidad, la cruz está situada en el núcleo urbano de Petrer, concretamente en la confluencia de los calles Brigadier Algarra y Camino Viejo de Elda, en una isleta ajardinada. Originalmente no estaba ubicada en este lugar, sino algo más desplazada hacia el centro histórico petrerense, próxima a la Cooperativa Agrícola de Petrer, en un punto en que se bifurcaba el camino de Petrer a Elda en una senda que se dirigía al manicomio, a la “Bassa dels Peixos” y otro camino que se dirigía a Elda pasando por las casas del Catalán y la casa Roja y atravesando el cementerio (Martínez, 1995: 54).

Datos históricas

Dibujo de la antigua cruz de Mollá (Francisco Bernabéu).

Según la investigación histórica llevada a cabo por los componentes de la Escuela-Taller Ferrusa, la construcción de la cruz se fecha en el año 1793, ya que en el diario El Alicantino de fecha 30 de abril de 1893, a través de una carta al director firmada por Tomás Veletra y Esini, se informa de la celebración inminente del centenario de su edificación para el día 3 de mayo del mismo año. El motivo de la creación de la cruz fue "... la religiosidad y patriotismo de la villa de Petrer, como protesta contra los excesos de la Gloriosa Francesa o los de la República de Robespierre", siendo un apoyo a la Guerra de la Convención (1793-1795) entre la España borbónica de Carlos IV contra la Convención Nacional francesa que guillotinó a Luis XVI a comienzos de 1793.

En la conmemoración el obispo ofició una misa y un sermón en la misma cruz, al tiempo que la bendijo. Las fiestas empezaron la tarde del día 2 de mayo y continuaron por la noche con una velada literaria musical en el teatro de la villa. Al día siguiente una romería de fieles salió de la iglesia parroquial y se dirigió a la cruz de Mollá, donde Eliseo Amat ofició una misa solemne. La celebración acabó con un castillo de fuegos artificiales. La cruz se adornó con un tablado rodeado de barandillas, damascos de telas y los escudos de Petrer, Alicante y Valencia, y se colocaron el clero, Ayuntamiento y la fuerza de la Guardia Civil. Tomás Veletra, en otra carta al mismo periódico con fecha del 7 de mayo, afirmó que a la celebración acudieron 8.000 o 9.000 personas. Eso demuestra la importancia que la cruz de Mollá tenía en las fiestas de las cruces de la población, ya que en el III centenario de Nuestra Señora del Remedio (1930), también se adornó.

El poeta Francisco Mollá Montesinos, antes de conocer la referencia cronológica proporcionada por el periódico El Alicantino, escribió un artículo en que a medio camino entre la leyenda y la realidad, explica el origen de la construcción de la cruz. Indicaba que un familiar suyo, Bonifacio Mollá, conocido como Tío Bonifaci, guardaba unas monedas de oro fruto de años de trabajo, y ante el peligro de que fueran requisadas por el ejército napoleónico que en aquel momento arrasaba la localidad en el curso de la Guerra de la Independencia (1808-1814), decidió guardarlas en una bolsa en el interior de un viejo olivo en la zona próxima a la actual Cooperativa Agrícola de Petrer, anteriormente lugar dedicado al cultivo de vides y olivares (Mollá, 1986: 11). Justamente en dicho paraje acamparon los franceses y talaron los árboles del entorno para hacer hogueras con sus ramas. Milagrosamente nadie se percató de la presencia de la pequeña bolsa, por lo que Bonifacio Mollá pudo salvar su pequeño tesoro. En agradecimiento a eso, gastó parte del dinero salvado a construir una cruz que llevaría su nombre, la Cruz de Mollá.

Vista general de la cruz de Mollá.

En las décadas posteriores la cruz se fue deteriorando progresivamente. Francisco Mollá indica dos fechas para su hundimiento, 1922 o 1928, cuando los cuatro pilares fueron apartados de la carretera. Posteriormente, Luis Poveda Juan, que fue párroco de la iglesia de San Bartolomé, volvió a levantar la cruz con los mismos pilares, renovando las tejas rotas y volviendo a colocar bien las dos cruces originales que había guardado. Las noticias de este capellán las debemos a los dibujos que realizó Francisco Bernabéu, Francisquet, de la cruz, en que le atribuía la reconstrucción. Dos años después se hundió definitivamente, posiblemente porque el alma que unía los fragmentos de las columnas era de madera y no de hierro, según indica Francisco Mollá en el artículo (Mollá, 1974).

Características arquitectónicas

Conocemos como sería a la Cruz de Mollá gracias a las referencias orales y escritas de algunos vecinos como Hipólito Navarro Villaplana, Francisco Mollá Montesinos y Helios Villaplana Planelles y los dibujos del mismo Helios Villaplana, Francisco Bernabéu Francés, Francisquet, y Gabriel Poveda Rico, Leirbag.

Francisco Mollá describe la cruz como una construcción cuadrada de una altura de cuatro metros con un techado sostenido por cuatro pilares bien labrados ligeramente troncocónicos, sostenidos por cuatro bloques de piedra en forma cuadrada. En el centro de los cuatro pilares se levantaba otro más fino con tres escalones circulares concéntricos, y en la cúspide de este pilar había una cruz de hierro forjada artísticamente. La cubierta estaba compuesta de tejas acanaladas y más estrechas que las ordinarias, y sobre esta, se colocó otra cruz, en este caso lisa (Mollá, 1986: 11).

Detalle de la cruz actual.

En el dibujo realizado por Helios Villaplana el remate del tejado no es una cruz, sino un sencillo pináculo. Otras diferencias que encontramos entre los dos dibujos son que los pilares de apoyo de las columnas aparecen como circulares y no cuadrados, y que las gradas en las que se asienta la cruz son de tres escalones, más bajas y estrechas que las dibujadas por Bernabéu, de cuatro escalones y más elevadas. Otra variante la encontramos en el óleo pintado por Gabriel Poveda Rico, ubicado en el ayuntamiento, en el que se muestra una Cruz de Mollá sobre un basamento de piedra sobre el que se alzan las gradas que sostienen la cruz (Martínez, 1995).

Construcción de la Cruz de Mollá por la Escuela-Taller Ferrusa

A partir de las referencias orales, escritas y gráficas antes indicadas, los alumnos, alumnas y profesores de los talleres de jardinería, obra y cantería de la Escuela-Taller Ferrusa se propusieron la recuperación de este elemento monumental del que únicamente quedaba constancia en la memoria de los vecinos y vecinas de mayor edad.

En primer lugar se realizó una maqueta a escala 1/10 de la cruz para mostrarla a los petrerenses más mayores que tenían aún recuerdo de los restos de esta, siendo el resultado muy satisfactorio. Después, se preparó la construcción de la cruz cubierta de 4'30 m de altura, con cuatro columnas de estilo dórico sobre pedestal y cubierta a cuatro aguas con estructura de madera y teja árabe recuperada del tejado de la Finca Ferrusa. En la zona central, bajo la cubierta, se construyó una grada circular de piedra almorquí sobre la que se situó una columna del mismo tipo de piedra rematada con una cruz de hierro de forja. También se remodeló la rotonda existente para crear una zona ajardinada.

Bibliografía

MARTÍNEZ LÓPEZ, Mª. J. (1995): “La Cruz de Mollá”, Festa, Ayuntamiento de Petrer, Petrer.

MOLLÁ MONTESINOS, F. (1974): “La Cruz de Mollá”, Revista de Moros y Cristianos, Petrer.

MOLLÁ MONTESINOS, F. (1986): “La Cruz de Mollá”, El Carrer, junio de 1986, Petrer.